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El desafío

Mantener viva y bien nutrida la creciente población mundial, sin destruir

Vivimos en el Antropoceno, una época planetaria definida por el impacto de los humanos en la geología, el clima y los ecosistemas de la Tierra. Nuestros sistemas alimentarios representan una parte importante de ese impacto y constituyen una carga creciente para la biosfera, la delgada capa de vida del planeta.

El sistema alimentario actual produce más del 25 % de todas las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. También representa el 40 % del uso mundial de la tierra y el 70 % de toda la extracción de agua dulce y contribuye significativamente a la contaminación del suelo, las vías fluviales y los océanos. Y lo que es aún más alarmante, es el factor individual más importante de pérdida de biodiversidad. Ya hoy en día, la población mundial asciende a casi 8000 millones de personas. A medida que aumente rápidamente (los científicos predicen que crecerá unos 70 millones por año y alcanzará casi los 10 000 millones para 2050), someteremos aún a más presión a los límites planetarios y aumentaremos el riesgo de alcanzar puntos de inflexión críticos para la estabilidad y la resiliencia de la Tierra.

¿Cómo evitamos comernos todos los recursos del planeta hasta dejarlo seco?

Nos encontramos en una situación precaria. Debemos alimentar a esta creciente población, pero nuestro sistema alimentario actual representa una amenaza cada vez mayor para el medio ambiente en el que se sustenta. El sector alimentario tiene una responsabilidad significativa para impulsar el medio ambiente más allá de los límites planetarios, el espacio operativo seguro en el que debemos permanecer para evitar la degradación medioambiental abrupta y a gran escala. En teoría, la tierra es capaz de alimentar a 10 000 millones de personas, pero no de la manera en que lo hacemos hoy en día. Si nuestros ecosistemas colapsan, nos enfrentamos a un futuro sin alimentos.

A pesar de la existencia de algunas tendencias positivas, una parte demasiado grande de nuestro sistema alimentario es despilfarrador, contaminante o tóxico, lo que afecta al aire, la tierra y el agua.

La agricultura produce más gases de efecto invernadero que cualquier otro sector además de la industria (al menos el 25 % de las emisiones mundiales) y el transporte de alimentos a escala mundial no hace sino exacerbar el problema. Algo más grave aún: un tercio de todos los alimentos producidos se pierde a lo largo de la cadena alimentaria o se desperdicia (lo que representa el 9 % de las emisiones de gases de efecto invernadero). La cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de los desechos alimentarios corresponde a aproximadamente dos tercios de lo emitido por todo EE. UU., el segundo país por tamaño de los países emisores del mundo, después de China.

La agricultura animal emplea más tierra (incluidos el forraje y los pastos) que cualquier otro sector del planeta. Y a medida que el consumo de carne sigue aumentando, especialmente en las economías en vías de desarrollo, cada vez se dedica más tierra a ello.
La producción de alimentos agota los recursos de agua dulce y, puesto que la agricultura depende en gran medida de los productos químicos, contribuye a la acidificación y a la contaminación de las vías fluviales y los hábitats marinos. Basada en los monocultivos, la agricultura intensiva amenaza la biodiversidad tanto en el reino vegetal como en el animal. Tres cultivos (trigo, maíz y arroz) representan más de la mitad de la ingesta calórica del mundo, y una gran parte de estos cultivos va a parar a pienso para animales. Además, se cultivan menos tipos de estos cultivos en sistemas de cultivo cada vez más similares, ampliando así el monocultivo industrial y reduciendo aún más la variación genética. Mientras tanto, otros cereales, frutas y verduras que tenemos disponibles se están eliminando progresivamente, o se han perdido por completo, perjudicando la resiliencia.

En total, un millón de especies están ahora en riesgo de extinción por culpa del impacto humano en el medio ambiente, una cantidad y un ritmo que sobrepasan la extinción masiva que se produjo durante los períodos Triásico y Jurásico hace 200 millones de años.

Cifras de alimentos de todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas

La búsqueda de alimentos da forma a la evolución, impulsa otros fenómenos biológicos importantes y afecta a todos los niveles y facetas de la vida. Como tal, está relacionada, directa o indirectamente, con los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. Establecidos para proteger y mejorar nuestras economías y sociedades, cada uno de esos objetivos, incluido el «hambre cero para 2030», depende de un planeta sano con un clima estable y una biosfera que funcione bien.

Hay que reinventar el sistema alimentario – ¡urgentemente!

Si queremos proteger la biosfera y garantizar un suministro alimentario sostenible a largo plazo, debemos reconsiderar, remodelar y rediseñar el sistema alimentario en todos los eslabones de su cadena, desde la agricultura y otras formas primarias de producción, pasando por el procesado, el transporte y la distribución, hasta el consumo y la gestión de los residuos. Debemos garantizar un espacio operativo seguro para nuestro sistema alimentario global. Esta es una cuestión existencial que debe abordarse ahora.

Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC), queda un período de tiempo extremadamente corto, de entre 11 y 15 años, antes de que se alcancen los puntos de inflexión del clima. Otras amenazas para la integridad y la salud de la biosfera se están acercando a los umbrales críticos con la misma rapidez, y puede que ya los hayan traspasado. Las estrategias existentes para cambiar la trayectoria calamitosa de nuestro sistema alimentario, como desarrollar alternativas a la agricultura monocultivo impulsada químicamente, o reducir el excesivo transporte mundial para que haya productos de temporada durante todo el año, son necesarias, pero insuficientes. Si queremos invertir la grave tendencia, debemos complementar estos esfuerzos con soluciones radicalmente innovadoras e incluso disruptivas.

En todo el mundo, las personas y las instituciones responden al desafío existencial que plantea nuestro sistema alimentario con nuevas ideas y esfuerzos innovadores. Se merecen toda nuestra atención y apoyo. Y los mejores deben recibir una recompensa.